En las Fiestas de San Blas de éste año recién estrenado, con el frío
que nos sorprendió inesperadamente, los Negritos han sido los protagonistas por excelencia. Yo no quiero improvisar según el aspecto del día, y empezar a sacarme o ponerme capas
por intuición. Y es que en estos dos días de jolgorio popular, me he enfundado en una chaqueta bien forrada, con una gorra encajada en mi cabeza desnuda y bufanda serpenteante; mientras, en la
calle, ya se veían las ganas de vivir intensamente cada uno de los momentos que componen sinfónicamente el ambiente de los Negritos danzarines. Y no se les veía encogidos ni temblorosos.
Llevaban, eso sí, una vestimenta casi enlutada que les adornaba gentilmente como si la vida fuese una melodía hecha a su medida y la visión de esos intérpretes, me hacía sentir más animoso aún.
No solo porque sus cuerpos parecían más resistentes al fresco o al vientecillo, sino porque adivinaba en su espectro de vestuario tan singular, el deseo de que hubiera llegado ya otra época del
año.
Esto es la Fiesta de los Negritos de San Blas, las gentes montehermoseñas de este pueblo tan peculiar, con las ganas muy abiertas de que el bueno de su santo sea el benefactor de su futuro incierto. Yo, particularmente, se las deseo sin condiciones previas. Esta es la súplica que lanzo a los cuatro vientos.
Con el ritmo presente en la danza de los Negritos, la vida tiene una función positiva.
Existen los ritmos de los días y las noches, de la siembra y la fructificación, pero es más apasionante para mí observar los ritmos que manifiestan los Negritos en el ámbito humano que les
envuelven. El del corazón es fundamental, el más comprobable y nos somos conscientes de que la regularidad rítmica del corazón es algo prodigioso, pero el ritmo vital que transmiten los Negritos
es único e insuperable, ese ritmo es decisivo para la comprensión de lo que quieren
manifestarnos. Si logramos entenderlos bien, es porque el ritmo de su expresión corporal es el adecuado; si no estamos bien atentos, la comunicación se hace difícil.
Ese ritmo también es un ingrediente básico de la música que les acompaña al son del tamboril. Y por ello, también, es un conjunto armónico que necesita de alguien que imponga un acorde, y es quien toca la flauta, y del propio tambor. Pero lo que hace posible el ritmo tan original son los Negritos inquietos que no paran de representar la odisea de la vida que nos ha tocado sentir. Si el ritmo es la proporción de tiempo entre diversos sonidos o movimientos, este baile tan emblemático, este intervalo de movimientos, regulares, impecablemente exactos, es el que hace que el momento tan emotivo exista. Miro a los jóvenes danzantes que quieren anticipar el verano y me digo: no hace falta, ya corre bastante, el tiempo gélido que nos ha sorprendido en estos días de febrero.
…
Sigo yendo abrigado, por las calles llenas de alegría, y algunos me dicen: "¿Aún vas así?" Es verdad que me siento un poco ridículo, pero los andaluces hemos aprendido a desconfiar del clima de nuestras descamisadas tierras, a pesar del calor que se siente en verano o con el vino fresco que nos acompaña en las flamencas fiestas.
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-OFICINA DE TURISMO DE MONTEHERMOSO
-"LOS NEGRITOS DE SAN BLAS" DE MONTEHERMOSO - CÁCERES
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